Los orígenes (La Creación 4 de 5)

shoreIntroducción

Hoy hablaremos de las implicaciones de la creación, como son la verdadera adoración, el monumento de la creación, instituciones hechas en la creación y una muy importante, la autoestima, entre otras más.

El fundamento de la verdadera adoración.

Nuestro culto a Dios comienza por el mismo hecho de la creación. Dios, después de crear al ser humano, a Adán y Eva, puso un día especial para conmemorar el acto de la creación, el Sábado. Era un día especial en el que Adán y Eva podían tener una comunión especial con Dios, de alabanza y gratitud por haberlos creado. Esa es la invitación que se hace para adorar a Dios, como dice Salmo 95:6 “Venid, adoremos y postrémonos, doblemos la rodilla ante Yavé nuestro Hacedor”. Este hecho es muy importante, el de reconocer a Dios como Creador de todo. Prueba de ello tenemos en Apocalipsis 14:7 un mensaje que ha de ser predicado a todo el mundo antes de que Cristo regrese por segunda vez: “Temed a Dios y dadle gloria, porque la hora de su juicio ha llegado; adorad al que hizo el cielo y la tierra, el mar y las fuentes de las aguas”. El hecho de reconocer a Dios como Creador, antes del regreso de Cristo, será muy importante, de ello dependerá el formar parte del reino de los cielos o no.

El Sábado, monumento de la Creación.

Como ya hemos adelantado antes, Dios estableció el día de sábado, el séptimo día de la semana de la creación, a fin de que pudiésemos recordar de forma semanal que él es nuestro Creador, y nosotros sus criaturas, que tenemos vida gracias a que él quiso compartir la suya. El sábado es un día, no para recordar lo mucho que nosotros hacemos o lo buenos que somos, sino para recordar lo mucho que Dios ha hecho, para empezar, crearnos a nosotros y lo que nos rodea. Bien es cierto que lo creó en óptimas condiciones y que nosotros lo hemos echado a perder y lo continuamos haciendo.
Dios bendijo el sábado de forma muy especial, y lo santificó. Quisiera recordar de nuevo lo que significa santificar, literalmente “poner aparte”. Es decir, Dios aparta un día en su agenda, cada semana, para poder estar de forma especial con nosotros. Dios nos dedica un día entero para nosotros, de forma exclusiva. Bien es cierto que se dedica a nosotros todos los días, pero ese día es especial. En ese día también espera que nosotros apartemos el tiempo para dedicárselo a él, y de esa manera ser correspondido con nuestra compañía. Es un día establecido para que nunca olvidásemos que la vida, además de trabajo, también es comunión, relación con nuestro Creador. Para eso nos creó Dios, para tener una relación con él. Es un día de descanso, para hacer un alto en el camino y celebrar todo lo que Dios ha creado, hecho y sigue haciendo por nosotros.
El día de sábado es tan importante para Dios, que lo colocó en el centro de su ley, de la ley moral. Si lo leemos tal cual está en la Palabra de Dios, en Éxodo 20:3―17, nos daremos cuenta de que es el cuarto mandamiento, en el centro de la ley. Observar este mandamiento, guardar el día de sábado con su sentido, nos permite recordar de forma semana, quiénes somos, de dónde venimos y quién nos ha creado, así como su enorme poder para crear. Así lo leemos también en Ezequiel 20:20 “Santificad mis sábados, y que sean una señal entre yo y vosotros, para que sepáis que yo soy Jehová vuestro Dios”.

El matrimonio, una institución divina.

Durante la semana de la creación, Dios estableció el matrimonio como una institución divina. Se proponía que esta unión sagrada entre dos personas fuese indisoluble: El hombre “se unirá a su mujer”, y debían llegar a ser “una sola carne”, así lo leemos en Génesis 2:24. Jesús mismo ratificó esto como voluntad divina, lo podemos leer en Marcos 10:7―9 “Por esto dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirán a su mujer; y los dos serán una sola carne. Así que ya no son más dos, sino una carne. Por tanto, lo que Dios ha unido, no lo separe el hombre”. Dios no sólo creó al ser humano, también creó la familia, comenzando por el matrimonio.

La base de la verdadera estimación propia.

El relato de la creación declara que fuimos hechos a imagen de Dios. Comprender este hecho provee cuánto valemos, el verdadero valor del ser humano. Si entendemos que Dios nos quiso hacer a su imagen y semejanza, que en la misma creación se tomó “la molestia” de agacharse para moldear al primer hombre, debiéramos entender lo valiosísimos que somos a sus ojos. Esto nos ayudaría a tener mejor estima propia, a superar algunas o muchas depresiones. No deberíamos tener complejos de inferioridad, somos la corona de la creación, lo mejor de toda ella. De hecho, el privilegio de tener una comunicación inteligente con el creador, es privilegio sólo de la especie humana en este mundo. Incluso después del pecado, con la degeneración todo lo que hay en este planeta, aún así, es privilegio nuestro el recuperar esa imagen de Dios casi perdida en el ser humano, y de parecernos de nuevo cada vez más a Él.

La base del verdadero compañerismo.

La dignidad creadora de Dios establece su paternidad. El mero hecho de reconocer a Dios como nuestro creador, es decir nuestro Padre, nos recuerda que todos los seres humanos somos hijos de Dios, por lo tanto hermanos. Leemos en Malaquías 2:10 “¿No tenemos todos un mismo Padre? ¿No nos ha creado un mismo Dios? ¿Por qué nos portamos deslealmente unos con otros, profanando el pacto de nuestros padres?” Esto no establece diferencias basadas en raza, sexo, color, educación o posición social, debemos recordar que todos hemos sido creados a la imagen de Dios. Si comprendiésemos realmente esto, y lo pusiésemos en práctica, no habría racismo, ni intolerancia ni cualquier otra forma de discriminación.

Mayordomía personal.

Ya que Dios nos creó, hay que reconocer que somos de su propiedad. Esto a veces cuesta de reconocer, pero es la realidad. Cualquiera sí que reconoce como suyo aquello que ha hecho y construido. Cuanto más valioso sea, más autoridad reclamamos sobre esa cosa hecha por nosotros. Algo más perfecto que un ser humano, con todo lo que conlleva el mero hecho del organismo físico, y aún más, la capacidad de pensar, de tener libre albedrío, no puede ser creado sino por Dios. Tiene todo el derecho de reclamarnos como su propiedad. Pero aún así, no nos fuerza a aceptarlo como lo que es, nuestro creador, respeta nuestra libertad. Eso aún nos debiera llevar a aceptar a Dios, no sólo por su derecho como creador, además, por su grandísimo amor por nosotros, por respetar esa libertad, y darnos la oportunidad de corresponderle libremente, no por obligación.
Entonces, reconociendo esa pertenencia a Dios por partida doble, debemos concluir que no somos nuestros, que somos mayordomos de nosotros mismos. Es decir, lo que soy, el cuerpo que tengo, pertenece a Dios, y yo debo de cuidar lo que Dios me ha dado, mi propio ser. Debo cuidarme de tener las mejores facultades físicas, mentales y espirituales. No reconocer que pertenecemos a Dios, es un acto de ingratitud, nos apropiamos de lo que no es nuestro.

Responsabilidad del ambiente.

Del mismo modo que debemos cuidar del cuerpo, además de por interés propio, porque pertenece a Dios, también Dios nos hizo mayordomos del medio ambiente que nos rodea. En Génesis 1:28 “Y los bendijo Dios y les dijo: Sed fecundos y multiplicaos, y llenad la tierra y sojuzgadla; ejerced dominio sobre los peces del mar, sobre las aves del cielo y sobre todo ser viviente que se mueve sobre la tierra”. La tierra, como planeta, su contenido, animales y plantas, dependen de nosotros. De hecho, cada año se extinguen cantidad de especies, de las que a menudo ni siquiera somos conscientes. Es responsabilidad nuestra, tanto el que se extingan, como el que se preserven. Aunque ya lo he dicho, un cristiano sincero, por el hecho de aceptar al Dios creador, le hace más ecologista que los propios ecologistas, que a menudo ni siquiera creen en Dios. Dios nos hizo responsables de nuestro mundo.

La dignidad del trabajo.

El Creador le dio instrucciones a Adán para que “labrara” y “guardase” el huerto del Edén. Así lo leemos en Génesis 2:15 “Entonces el Señor Dios tomó al hombre y lo puso en el huerto del Edén, para que lo cultivara y lo cuidara”. Fue el mismo Dios quien encargó a Adán hacer trabajo manual, físico. El trabajar de forma manual, es de lo más digno. El propio Jesús fue carpintero, aun siendo Dios, trabajó en un taller de carpintería.

El valor del universo físico.

Después de cada paso de la creación, Dios declaró que lo que había hecho era “bueno en gran manera”, literalmente “muy bueno”. Dicho de otro modo, Dios vio que era útil, funcional y hermoso. De esto deducimos que todo lo que Dios creó no es malo en sí, sino bueno, y muy bueno además. Otra cosa es qué hacemos nosotros como responsables de toda esa materia, con ella. Dios creó el plomo, pero no creó balas para matar a nadie. Dios creó el hierro, pero no los tanques que hay en las guerras.

Resumen.

Hoy hemos visto que el reconocer a Dios como Creador es la base para comenzar toda adoración sincera. De hecho, para perpetuar ese recuerdo, Dios estableció un día especial lo colocó aparte para que no se nos olvidase, aún más, para festejar conjuntamente con él el hecho de habernos traído a la existencia. Ese día es tan importante para Dios que lo colocó en el corazón de su Ley. En la semana de la creación Dios no sólo creó al ser humano, además creó el marco en el que debía de desarrollarse, esto es, la familia. El matrimonio, es por tanto, una institución divina, Jesús así lo ratificó.
Comprender que Dios es nuestro Creador, nos dignifica, nos hace hijos de todo un Rey, el Rey del Universo. Dios puso mucha atención y cuidado en la creación del hombre, esto nos habla de nuestro valor a los ojos de Dios. Aún más, el acto que aún más nos habla de nuestro valor a los ojos de Dios es la Cruz. Dios muriendo en la Cruz para salvar a su criatura. Somos muy valiosos para Dios, no tenemos derecho de menospreciarnos a nosotros mismos ni al que tenemos al lado. El hecho de que Dios sea nuestro creador, le otorga “derechos de Autor”. Aún así, sigue respetando nuestra libertad, que también nos la dio. Pero por esos derechos que tiene sobre nosotros, debemos reconocer que debemos cuidar aquello que no es nuestro, como el cuerpo, la vida, todo lo que somos y tenemos. Por último, hemos visto que Dios nos hizo mayordomos de la creación, del ambiente que nos rodea, y somos responsables de cuidarlo. El próximo tema, continuaremos con las implicaciones.
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¿Por qué crear? (La Creación 3 de 5).

shoreIntroducción

En el tema de hoy vamos a tratar de conocer el Dios de la Creación y por qué quiso crear.

El Dios de la Creación.

¿Qué clase de Dios es nuestro creador? ¿Qué nos dice la creación acerca de Dios? ¿Se interesa un Personaje infinito como él en nosotros, minúsculos átomos de vida en un distante rincón del universo? Aún más, después de haber creado el mundo, ¿se dedicó Dios a cosas mayores y más interesantes?

Un Dios responsable.

El relato bíblico de la creación comienza con Dios y pasa después a hablar de los seres humanos. Este texto de Génesis, como vimos, va describiendo la preparación del ambiente perfecto para la raza humana. De este modo, la creación de Adán y Eva fue la corona, la “guinda” de la creación. Esto nos dice que Dios es un gran planificador. Tuvo en cuenta los detalles previos a la creación del hombre. Plantó un jardín para que fuese el hogar de los primeros seres humanos. Además, Dios es un gran Pedagogo, les dio una responsabilidad, la de cuidar ese jardín, medio que usaría para enseñarles cosas. Dios creó a los seres humanos para que nos relacionásemos con Él, no de una forma antinatural o forzada, sino por libre decisión, por amor.

¿Quién fue el Dios creador?

En el acto creador, todos los miembros de la Deidad cooperaron. “En el principio creó Dios los cielos y la tierra”. Luego en el versículo siguiente leemos que el “Espíritu de Dios se movía sobre las aguas”. Finalmente, en Génesis 1:26 se usa el plural “hagamos al hombre a nuestra imagen y semejanza”. Respecto la actividad de Cristo en la creación, lo encontramos en el evangelio de Juan 1:1―3: “En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios y el Verbo era Dios… Todas las cosas por medio de él fueron hechas, y sin él, nada de lo que ha sido hecho, fue hecho”. Por si acaso hay dudas, en Juan 1:14 el apóstol especifica que “aquel Verbo fue hecho carne y habitó entre nosotros”, haciendo clarísima referencia a Cristo. Luego Cristo es el Creador, el que por su Palabra trajo a la existencia las cosas que hay. El autor de la epístola a los Hebreos nos dice en 1:2 “En estos últimos días nos ha hablado por el Hijo, a quien constituyó heredero de todo, y por quien asimismo hizo el universo”.

Un despliegue del amor de Dios.

Una de las primeras cosas que podemos ver detrás de tanta planificación, de tanto cuidado y atención en la creación, es el amor de un Padre preocupado por sus criaturas. Ya hemos visto que cuando le llegó el turno de ser creado al hombre, Dios modeló a Adán, implicando que Jesucristo se tuvo que arrodillar al lado de Adán para darle forma. Recordemos que Dios es Omnisapiente, y por lo tanto, cuando el propio Jesús estaba formando las manos de Adán, sabía que más adelante, las manos de los hijos de Adán lo matarían a Él mismo, su Creador. ¿Qué nos revela esto? Un inmenso amor por la criatura. Aún sabiendo Dios todo esto, no se detuvo en la creación de Adán. Bajo la sombra del Calvario, Cristo sopló en Adán el aliento de vida para crear el primer ser humano en este mundo. Sólo alguien que ama infinitamente puede hacer algo así.

El propósito de la creación.

Teniendo en cuenta 1 Juan 4:8 que reza “Dios es amor”, entendemos que esta es la base de todo acto divino. Nos creó no sólo con el fin de que pudiésemos amarle, también para que él nos pudiese amar a nosotros. Por amor quiso compartir el mayor don, el de la existencia. Nos dio aliento de vida, de su propio aliento. ¿Ha indicado entonces la Biblia, con qué propósito existen el universo y sus habitantes?

Para revelar la gloria de Dios.

A través de sus obras creadas, Dios revela su gloria. Dice el clásico texto de Salmo 19:1―4 “Los cielos cuentan la gloria de Dios, y el firmamento anuncia la obra de sus manos. Un día emite palabra a otro día, y una noche a otra noche declara sabiduría. No hay lenguaje ni palabras, ni es oída su voz. Por toda la tierra salió su voz, y hasta el extremo del mundo su Palabra”.
¿Qué propósito tiene este despliegue de la gloria de Dios? La naturaleza funciona como testigo de Dios. Es su intención que sus obras creadas atraigan a los individuos hacia él. Pablo declara en Romanos 1:20: “Porque las cosas invisibles de él, su eterno poder y Deidad, se hacen claramente visibles desde la creación del mundo, siendo entendidas por medio de las cosas hechas de modo que ni tienen excusa”.
De modo que somos atraídos a Dios por medio de la naturaleza. Por lo que por la naturaleza aún podemos aprender más acerca de sus cualidades, las cuales pueden ser incorporadas en nuestras propias vidas. Nosotros también somos criaturas suyas, por lo que también podemos reflejar el carácter de Dios. Y al reflejar el carácter de Dios, le damos gloria, cumpliendo así el propósito para el cual fuimos creados.

Para poblar el mundo.

El Creador no deseaba que la tierra fuese un planeta solitario y vacío; debía ser habitado, como dice en el relato de la creación, “creced y multiplicaos y llenad la tierra” (Génesis 1:22 y 28). Un buen detalle, Dios no creó a Eva hasta que Adán se sintió solo. Cuando Adán sintió la necesidad de compañía, Dios creó a la mujer. De este modo Dios estableció la institución del matrimonio, para que fuese una unión feliz, que satisfaga las necesidades del ser humano, de ayuda idónea. Dios tomó del costado de Adán para formar una mujer, y el mismo Dios se la trajo a Adán, se la presentó. Entonces Adán dijo, y de forma muy acertada: “Ésta sí que es huesos de mis huesos, carne de mi carne”. Fue creada de su propio tejido. Después de haber traído Dios a Eva a la presencia de Adán, es decir, de haber celebrado el primer “matrimonio”, les dio dos privilegios. El primero es sojuzgar la tierra, es decir, tener dominio sobre la creación como mayordomos de la propiedad de Dios. Esto nos tendría que hacer reflexionar en cómo tratamos nuestro entorno y a nosotros mismos. En segundo lugar, les dio el privilegio de participar en la creación con las palabras “Creced y multiplicaos”.

El significado de la Creación.

Los seres humanos hemos sido, y estamos siendo tentados a ignorar la enseñanza bíblica de la creación. Hay quienes dicen: “¿Qué más da cómo crease Dios el mundo?” Luego se argumenta que lo que necesitamos saber es cómo llegar al cielo. Pero no podemos ignorar de forma tan abultada la enseñanza bíblica de la creación. Es la base de la teología del resto de la Biblia, como dijimos en temas anteriores, si no hay creación, si no es literal el relato de Génesis 1 y 2, el resto de la Biblia sería una incongruencia. Muchos de los conceptos bíblicos se entienden bien si se acepta la creación de modo literal. Haciendo un juego de palabras, el saber cómo Dios hizo los cielos y la tierra, nos ayudará a encontrar el camino a los nuevos cielos y la nueva tierra de la que habla el apóstol Juan en el libro de Apocalipsis. ¿Qué implicaciones tiene entonces creer en la enseñanza bíblica de la creación?

Antídoto de la idolatría.

En primer lugar, el hecho de que Dios es Creador, lo distingue de cualquier otro posible dios. Ejemplo de ello lo tenemos en 1 Crónicas 16:24―27 “Cantad su gloria entre las naciones, sus maravillas entre los pueblos. Porque grande es el Señor, y muy digno de ser alabado; temible es él también sobre todos los dioses. Porque todos los dioses de los pueblos son ídolos, mas el Señor hizo los cielos. Gloria y majestad están delante de él; poder y alegría en su morada”. En Salmo 96:5 leemos: “Todos los dioses de los pueblos son ídolos, mas el Señor hizo los cielos”. Me gusta mucho el texto de Isaías 40:18―26 “¿A quién, pues, asemejaréis a Dios, o con qué imagen le compararéis? El escultor hace una imagen de fundición, y el platero la recubre con oro y le funde cadenas de plata. El que es muy pobre para tal ofrenda escoge un árbol que no se pudra; se busca un escultor hábil para hacer un ídolo que no se tambalee. ¿No sabéis? ¿Acaso no sabéis? ¿Acaso no habéis oído? ¿Acaso no se os ha dicho desde el principio? ¿Es que no habéis comprendido la creación del mundo? Él es el que está sentado sobre la redondez de la tierra, cuyos habitantes son como langostas. Él es el que extiende los cielos como una cortina y los despliega como una tienda para morar. Él reduce a la nada a los gobernantes, y hace insignificantes a los jueces de la tierra. Apenas han sido plantados, apenas han sido sembrados, apenas ha arraigado en la tierra su tallo, cuando Él sopla sobre ellos, y se secan, y la tempestad como hojarasca se los lleva. ¿A quién, pues, me haréis semejante, para que yo sea su igual?, dice el Santo. Levantad en alto vuestros ojos y mirad quién ha creado estas cosas. Él saca y cuenta al ejército de ellas; a todas llama por sus nombres y ninguna faltará. Así es la grandeza de su fuerza y el poder de su dominio. Entonces, ¿por qué dices, oh Jacob, y hablas tú Israel: Mi camino le es oculto a Yavé, y mi causa pasa inadvertida a mi Dios?”
Dios nos vacuna contra la idolatría recordándonos que no hay otro Dios creador más que Él. Debemos adorar al Dios que nos hizo, y no a los dioses que nosotros hemos hecho. Por ser nuestro Creador, Dios merece nuestra lealtad absoluta. Cualquier relación que estorbe esta lealtad deberíamos considerarla, y de hecho es, idolatría, y esto está sujeto a juicio divino. Por lo que nuestra fidelidad al Dios creador es un asunto de vida o muerte.

Resumen.

Hoy, continuando con el tema de la Creación, hemos empezado a ver quién es el Dios creador, qué nos dice la creación acerca de Dios. En primer lugar, Dios es un Dios responsable, detallista también, teniendo en cuenta la preparación del hogar del ser humano de forma minuciosa. De esto deducimos que el ser humano es lo mejor de la creación de Dios. Aún más, compartió con Adán la responsabilidad de gobernar y cuidar la tierra. Por otro lado, la Divinidad en pleno participó de la creación, pero fue el Verbo, es decir Jesucristo antes de la encarnación, quien llevó adelante el acto creador. La creación de Dios es un fruto o demostración de su infinito amor. Dios mismo, mientras moldeaba las manos de Adán, sabía que esto le causaría la muerte en el futuro. Aún así, no paró la creación, por amor a su criatura. La creación también tiene un propósito, el revelar la gloria de Dios, ser testigos del poder de Dios. Por otro lado, la creación tenía el privilegio de poblar el mundo, con lo que participa en la continuación de la creación del mundo. Por último, hemos comenzado a estudiar el significado de la creación, las implicaciones que tiene el creer o no en la enseñanza bíblica de la creación de Dios tal cual viene en el texto bíblico. La primera es vacunarnos contra la idolatría, recordarnos quién es nuestro creador, quiénes somos y de dónde venimos. El próximo tema hablaremos del resto de implicaciones, como son la verdadera adoración, el monumento de la creación, instituciones hechas en la creación y una muy importante, la autoestima, entre otras más. ¡Feliz Sábado!
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Los días de la Creación (La Creación 2 de 5)

shoreIntroducción.

Hoy hablaremos algo más acerca de la creación, de los días de la creación y su duración, su literalidad o no, así como de los cielos que aparecen allí.

El relato de la creación.

Retomando un poco lo tratado con anterioridad acerca de la duplicidad del relato de la creación, vamos a contemplar este paralelismo desde otra perspectiva. La primera narración, comprendida desde Génesis 1:1 hasta Génesis 2:3 recoge el orden cronológico de los hechos creadores de Dios. Debemos notar que el segundo relato de la creación, comprendido entre Génesis 2:4 ― 25, comienza de una manera distinta: “Estos son los orígenes…” Esta expresión se encuentra en otras partes del Antiguo Testamento. La palabra hebrea que hay detrás, tôldôt, del singular tôldah, significa “origen, generación, procedencia, genealogía”. Esta palabra aparece 39 veces en el Antiguo Testamento, y siempre en relación al origen de una familia o a la procedencia de alguien. Es la clásica señal identificativa con la que comienza la historia de una tribu, familia o generaciones de algún personaje histórico importante.
Esta narración, más que interesarse en el certificado de “denominación de origen” que proporciona el primer relato, se centra en el lugar que ocupó el hombre en la creación. No es cronológico como el registro anterior, sin embargo, denota que todo lo creado fue una acomodación, una preparación de hábitat para la llegada de la criatura más importante, el ser humano. Esto se deduce del contenido más detallado, en especial, acerca de la creación de Adán y Eva. Dentro de la creación de Adán y Eva, es en el capítulo 2 donde encontramos la verdadera naturaleza del hombre, polvo del suelo formado, moldeado por la mano de Dios, más aliento de vida, soplado por el propio Dios. Fruto de esta unión, viene a la existencia el alma o la vida, es decir, el ser humano. También se coloca a Dios en el lugar que corresponde, como Creador poderoso y a la vez cercano, que se agachó para formar con sus manos la única criatura que no vino a la existencia sólo por el poder creador de su Palabra. Si aceptamos estos relatos como históricos, el resto de la Biblia estará consolidada, afirmada, y será congruente. Pero si sólo admitimos de estos relatos que son “cuentos” o “leyendas”, el resto de la Palabra de Dios se nos caería por su peso, pues no sería congruente. El propio Jesús aceptó la literalidad del sábado de la creación, así como de la institución del matrimonio: “Mas al principio no fue así”, dijo en Mateo 19:9, hablando de la monogamia y del divorcio.

Los días de la Creación.

Como ya adelantamos en el tema anterior, bíblicamente los días de la creación son literales, de 24 horas. La expresión “la tarde y la mañana”que encontramos en cada día de la creación, en Génesis 1:5, 8, 13, 19, 23, 31), es típica para la cultura y mentalidad semita, y con ella se refiere a días literales. En el Antiguo Testamento se comienza a contar un día al final del que le precede. El día termina con la puesta de sol, dando inicio al siguiente con el ocaso. Por eso tenemos ese orden en el relato de la creación: “tarde y mañana”. En Levítico 23:32 leemos: “De tarde a tarde guardaréis vuestro reposo”. Cuando Israel tenía que celebrar la Pascua, lo debían hacer nada más comenzar el día festivo de Pascua. En Deuteronomio 16:6 se estipula cuándo debe comenzar la fiesta, es decir, cuándo comienza el día: “Sacrificarás la Pascua por la tarde a la puesta del sol”. El uso que se da a la expresión “tarde y mañana” en Génesis, es el normal para expresar días literales, además, en ningún otro momento del relato se utiliza un lenguaje simbólico, lo que no nos permite aplicarlo sólo en este caso concreto, dentro de todo el conjunto del registro de la creación. No se puede aplicar la interpretación, “miles de millones de años” como algunos pretenden.
Por otro lado, la “tarde y la mañana”, son un “día”, en hebreo “yôm”. La palabra yôm sí que se encuentra en pasajes de profecías de tiempo, como ya hemos visto con anterioridad, hablando de la profecía de las 70 semanas. Pero hay que ser exquisito para no aplicar a la ligera el principio día año aquí. En primer lugar, cuando la palabra “día” o yôm, va acompañada de un ordinal, siempre hace referencia a un día natural, literal de 24 horas. Cuando en profecía se habla de días simbólicos no se usan ordinales, sino numerales.
Por otro lado, aún cabiendo la posibilidad de una interpretación, asunto que queda claro que no es el caso, debemos entender siempre que la Biblia es su propio intérprete. De poderse aplicar el principio “día por año”, aún así, estaríamos hablando de una creación de 7 años, muy lejos de ser grandes períodos de “evolución”. Por otro lado, hay quien entiende que se pueden aplicar dos textos al relato de la creación. Estos textos son Salmo 90:4 donde dice el Salmista: “Porque mil años delante de tus ojos son como el día de ayer, que pasó, y como una de las vigilas de la noche”. Otro texto es 2 Pedro 3:8: “Mas, oh amados, no ignoréis esto: que para con el Señor un día es como mil años, y mil años como un día”. Hay quienes, bien intencionados, aplican esto a la semana de la creación. Pues aún así, la creación no pasaría de 7.000 años, con lo cual aún continuamos situando la creación a no más de 14.000 años. Sigue siendo muchísima diferencia frente a los “miles de millones de años” necesarios para evolución tal cual se entiende en la teoría que la enuncia.
Recordemos los principios de interpretación bíblicos. Es el propio Dios quien afirmó que se debía aplicar simbólicamente “día por año”. Pero en estos casos no es así, luego no son textos a tener en cuenta para interpretar otros textos.
El Salmo 90, primero de los dos únicos textos supuestamente aplicables, es un salmo escrito por Moisés. En este Salmo se habla acerca de la brevedad de la vida del hombre. Dice en el versículo 10: “Los días de nuestra edad son setenta años, y si en los más robustos son ochenta, con todo su orgullo es sólo trabajo y pesar, porque pronto pasa y volamos”. La finalidad de este salmo es comparar la ilimitada grandeza de Dios, frente a la breve y limitada vida del hombre. La moraleja del Salmo está en el versículo 12: “Enséñanos a contar de tal modo nuestros días, que traigamos al corazón sabiduría”. Se ve claramente el uso de la expresión “mil años” como una figura literaria dentro de un poema musicado.
En 2 Pedro, capítulo 3 se está hablando de la segunda venida de Cristo. En el momento en que Pedro escribe la epístola, hay desánimo por parte de algunos que esperan la segunda aparición de Jesucristo. Pedro les indica que aún hay cosas que se han de cumplir, entre ellas, la aparición cerca de la segunda venida de “burladores, con su sarcasmo” siendo guiados por sus propias pasiones y deseos más que por principios (2 Pedro 3:3). Esas mismas personas que deberían aparecer al final de los tiempos, se burlarían sarcásticamente de los creyentes, preguntando, como dice el versículo 4: “¿Dónde está la promesa de su advenimiento?” Más aún, el apóstol Pedro nos aporta algo interesante, la argumentación de dichos “burladores”. Éstos dirán: “Porque desde el día en que los padres durmieron, todas las cosas permanecen así desde el principio de la creación”. El apóstol Pedro nos estaba dando por adelantado, hace casi 2.000 años, la aparición de la base de la teoría de la evolución, el uniformismo, es decir, que todo sigue un ritmo y ciclo uniforme, lo que daría lugar a la datación por sedimentación.
El propio apóstol nos indica del versículo 5 en adelante, ¡hace casi 2000 años!, que “éstos ignoran voluntariamente, que en el tiempo antiguo fueron hechos por la Palabra de Dios los cielos y también la tierra, que provienen del agua y que por el agua subsiste. Por lo cual, el mundo de entonces fue destruido, inundado en agua”.
No es nuevo descubrir que vendrían personas, que haya personas, entiendo que muchos bien intencionados, pero desconociendo o ignorando precisamente el diluvio, clave para entender muchas cosas que aparentemente “sostienen” la teoría de la evolución. Pedro nos advirtió de ello, y podemos afirmar que efectivamente, muchos hoy ignoran la creación de Dios y el diluvio, e intentan demostrar que todo ha permanecido siempre así, refiriéndose a los cielos y la tierra, con variaciones muy lentas, por millones de años.
Me pregunto. Si el apóstol Pedro ya sabía esto, y nos estaba anunciando con tantos siglos de antelación tal tipo de enseñanza errónea, ¿por qué iba ahora a dar una “prueba” que diese algo de fundamento a ese error? Es justo a continuación cuando aparece el versículo 8, donde habiendo concluido la explicación de esos “burladores” y retomando la cuestión del supuesto retraso de la segunda venida de Cristo, dice: “Pero amados, no ignoréis que, para el Señor, un día es como mil años, y mil años como un día”. A continuación aclara en el versículo 9: “El Señor no retarda su promesa, según algunos la tienen por tardanza, sino que es paciente con nosotros, no queriendo que ninguno perezca, sino que todos procedan al arrepentimiento”. Pedro no está haciendo “profecía cronológica” en ningún caso. Es más, está hablando muy claro acerca del futuro, no del pasado. Al hablar claro y no en símbolos, queda claro que aquí no hay ningún texto “apocalíptico” o “encriptado” ni ninguna supuesta clave para aplicar en otro lugar de la Biblia. El lenguaje es llano y claro. Pedro de nuevo está haciendo una comparación en dos sentidos, mil años como un día, y un día como mil años, ¿acaso un ser humano puede entender eso? Nadie vive mil años como para poder compararse con Dios. El apóstol Pedro concluye en el versículo 10: “Pero el día del Señor vendrá como ladrón en la noche”. Y entonces volverá a haber un cataclismo, asunto que no se desea saber y sí ignorar. Aunque no sepamos con exactitud cuándo va a venir el Señor, tenemos un dato: mil años como un día, y un día como mil años, es decir, se puede “prolongar” mucho o “adelantar” mucho la venida de Cristo, pero eso sólo lo sabe Dios. A todos nos pillará como un ladrón en la noche, cuando menos se lo espere. El resto del capítulo, Pedro habla de la preparación para encontrarse con Dios ya que no nos podemos desprevenir, no sea que nos pille sin estar preparados. De todos modos, aun forzando el texto y haciendo un uso indebido del mismo, sucede igual que en Salmo 90, diríamos sólo con la mitad del texto (un día como mil años), que la creación duró 7.000 años. Tampoco se ajusta al modelo evolucionista, y menos sabiendo cómo Pedro habló de ellos justo antes. Por cierto, si aplicásemos mil años como un día, es decir al revés, aún Dios no habría terminado de Crear, y tampoco tendría sentido el relato de la creación. En definitiva, esto es negar la veracidad de la Palabra de Dios. Lo mismo que hizo la serpiente con Eva, decir que Dios era un “mentiroso” pues si comían “no morirían”. No podemos aceptar tal interpretación basada en 2 Pedro 3:8 ni en Salmo 90:4, hacemos a Dios un mentiroso en Génesis 1 y 2.

Resumen.

Los dos capítulos de Génesis relatan la misma creación. Los días de la creación bíblicamente son de 24 horas, y Salmo 90:4 y 2 Pedro 3:8 no se pueden usar para interpretar grandes períodos de tiempo en la creación. Próximo tema: Qué son los cielos y el Dios de la Creación. ¡Feliz Sábado!
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En el principio... (La Creación 1 de 5)

Introducción.

Hoy comenzamos el repaso de la sexta creencia básica o fundamental que podemos encontrar en la Biblia, siguiendo un orden. La Creación.

La Creación.

Sabemos de la creación gracias al relato bíblico, lo que allí se nos dice. No vamos a entrar en grandes argumentaciones para evidenciar la creación en vez de la evolución, eso lo dejamos para otro momento. Lo que queda claro es que el relato bíblico del génesis acerca de la creación es muy sencillo. Todo lo que hay y existe, los cielos y la tierra, el mar todas las cosas que en ellos hay vino a la existencia de forma instantánea. Así nos viene dicho en la Palabra de Dios. En sólo 6 días, la tierra que estaba informe y vacía, pasó a estar ordenada y poblada, quedó llena de verde, de agua, de vida, de criaturas. Podemos concluir que el mundo estaba lleno de colores, de aromas que lo llenaban todo, de figuras y flores, a cuál más bonita. Habiendo salido de la mano del Creador, todo era perfecto, exacto, detallado y funcional.
Después de esa semana intensa de trabajo creador, Dios reposó, haciendo un alto para gozar de su obra. Gracias a ese alto que hizo después de los seis días de la creación, se recordaría semanalmente su acto creador, de forma perpetua.
Repasemos la creación: “En el principio creó Dios los cielos y la tierra”. La tierra estaba envuelta con una gran capa de agua y con oscuridad. En el primer día, Dios separó la luz de la oscuridad, llamando a la parte luminosa “día”, y a la oscuridad “noche”. Así fue el primer día.
En el segundo día, Dios “separó las aguas”, haciendo división entre la atmósfera y el agua que estaba sobre la superficie de la tierra. De este modo se producían las condiciones apropiadas para la vida. Probablemente quedase una capa de agua que en órbita cubriese toda la tierra, manteniendo una temperatura homogénea por toda la tierra, incluyendo las actuales zonas polares.
En el tercer día, Dios juntó las aguas que había sobre la superficie de la tierra en un lugar, saliendo así la tierra seca por un lado, y el mar por otro. Después Dios vistió esa tierra de verde, con toda clase de plantas. Como dice Génesis 1:12 “Produjo entonces, la tierra hierba verde, hierba que da semilla según su naturaleza, y árbol que da fruto, cuya semilla está en él, según su género”.
El cuarto día Dios estableció el sol, la luna y las estrellas para que sirvieran “de señales para las estaciones, para días y años”. El sol debía gobernar durante el día, y la luna durante la noche.
En el quinto día Dios creó las aves y los peces. Los creó “según su especie” (Génesis 1:21), lo que nos indica que sus criaturas habían de reproducirse en forma consecuente según sus propias especies. Esto no da lugar a la evolución deísta que algunos defienden. Éstos dicen que cada día de la creación corresponde a un largo período de tiempo o “eones”, en el que la evolución tuvo lugar. El texto bíblico habla de especies, cada una a desarrollarse individualmente, no habla de derivar en otras especies. Por otro lado, cuando se habla de tiempo, es específico, y dice “fue la tarde y la mañana, el día tal”. Esas mismas expresiones se usan en el resto de la Biblia para hacer referencia a días de 24 horas. No caben interpretaciones supuestamente proféticas en este texto. Además, de haber sido así, el sábado o séptimo día en el que Dios reposó, no correspondería al día de la semana, ni pudo ser un período largo de “reposo”.
El sexto día, Dios hizo las formas superiores de vida animal. Dijo: “Produzca la tierra seres vivientes según su género, bestias y serpientes y animales de la tierra según su especie” (Génesis 1:24).
Finalmente, como corona de la creación de Dios, hizo al hombre a su imagen y semejanza; varón y hembra los creó. El relato de la creación concluye con unas palabras interesantes: “Y vio Dios todo lo que había hecho, y he aquí que era bueno en gran manera”. Literalmente en hebreo, después de cada acto creador se lee: “Y dijo Dios: ¡Qué bueno!”

La Palabra creadora de Dios.

En el Salmo 33:6 podemos leer la siguiente afirmación: “Por la palabra del Señor fueron hechos los cielos, y todo su ejército por el aliento de su boca”. Si la Palabra tiene tanto poder como para crear, ¿cómo actúa esa Palabra creadora?
Las palabras del Génesis “Y dijo Dios (wayomer Elohim), preceden o introducen el mandato dinámico divino responsable de los acontecimientos creadores que tuvieron lugar en los seis días de la creación. Podemos leer en Génesis 1:3 “Y dijo Dios: ‘Sea la luz’. Y fue la luz.” También en los versículos 6, 9, 11, 14, 20 y 24. Cada orden pronunciada tenía la capacidad de actuar, al punto de transformar este planeta informe y vacío, en un auténtico paraíso. Como dice el Salmo 33:9 “Porque él dijo, y fue hecho; él mandó, y existió”. El autor de la epístola a los hebreos lo expresó de forma acertada en Hebreos 11:3 “Por la fe entendemos que el universo fue constituido por la Palabra de Dios, de modo que lo que se ve fue hecho de lo que no se veía”. Esto es curioso, porque la potencia creadora de Dios supera la ley de la termodinámica. Dios crea de la nada, no transforma energía, sino que la crea. Esta palabra no dependía de la materia preexistente. De forma ocasional Dios sí que utilizó materia preexistente. Los animales y Adán fueron formados de la tierra, y Eva a partir del costado de Adán. En última instancia, Dios creó también la materia, así lo entendemos “En el principio Dios creó los cielos y la tierra” (Génesis 1:1).

El Relato de la Creación.

Hay muchísimo escrito por muchos autores, de forma especial, sobre los primeros capítulos de Génesis. Tampoco vamos a entrar en mucho detalle, pero a simple vista, hay quien puede entender que hay dos relatos de la creación diferentes. Uno se encuentra en Génesis 1 y el otro en Génesis 2. Alguna explicación, que no compartimos, es que Dios hizo dos creaciones, porque la primera no salió “bien”. Una pregunta que hago a este tipo de argumentación es: “Si la segunda, con el pecado ya salió “mal”, ¿cómo tuvo que ser de mala la primera? ¿Por qué no una tercera creación después del pecado?” Otra pregunta que haría es: “¿Se contradicen ambos relatos o son complementarios?”
Una argumentación aún más sutil se basa en el nombre con que se hace referencia a Dios en el texto original Hebreo. En Génesis 1 se hace referencia a Dios como Elohim. Elohim es quien crea, el que habla, el que hace el hombre a su imagen y semejanza. En Génesis 2 se hace referencia a Dios como Yavé. Es Yavé el que habla con el ser humano, el que crea el huerto. Algunos eruditos han deducido que el uso de distintos nombres para referirse a Dios se debe a que son textos distintos, de diferentes autores, y que narran historias diferentes. Finalmente se argumenta que alguien puso ambos relatos juntos en un mismo texto o libro.
No podemos estar de acuerdo con esto. Moisés fue un erudito de su época, y probablemente conociese reglas de escritura. Una de ellas es variar o buscar sinónimos para evitar repeticiones. Suponer que no se era capaz de hacer esto, es menospreciar la capacidad intelectual del autor de génesis. De todos modos, el primer capítulo de Génesis tiene una estructura interesante. Si nos fijamos, hay una repetición: “Y Dios dijo, sea… Y fue …” Es un texto con estructura legal, notarial. Digamos que el capítulo 1 es el certificado de “denominación de origen” de este mundo, de nosotros. Y para ello se usa el nombre de Dios más apropiado, Elohim. Elohim significa “las Alturas”, lo más excelso, lo que está por encima de todo, entendiendo que el Creador es superior a la creación, esto es lo que en teología se llama la “trascendencia” de Dios.
Por otro lado, en Génesis 2, el estilo literario cambia. Ya no se sigue el orden cronológico de la creación como en el capítulo 1. Se vuelve a narrar la creación desde un punto de vista más cercano. En este caso se usa el nombre de Yavé, que significa “el que Es”, o “el que existe”. Si nos damos cuenta, es ahí donde se da más detalle de la creación del ser humano. En el capítulo 1 apenas se dice que Dios Elohim, el Todopoderoso creó al hombre. En el capítulo 2 se nos describe a Yavé, el Dios que existe y es cercano, formando, moldeando con sus propias manos al hombre del polvo de la tierra. A continuación se nos da el detalle del origen de Eva. Dios conversa con ellos en el Jardín del Edén. En este capítulo se nos habla de la cercanía de Dios, de ese otro aspecto que en teología se llama la “inmanencia” de Dios. Así que tenemos dos relatos que satisfacen una necesidad. Dios es tan poderoso que hace falta una perspectiva de la creación para reflejar su trascendencia, su enorme poder creador, y darnos nuestro certificado de nacimiento como planeta y como raza. Pero aún así, se necesita otro relato que recoja ese tierno amor del Creador que se agachó al suelo para dar forma a nuestro primer padre. A pesar de la grandeza del Dios creador, Moisés tiene interés en registrar también la proximidad de ese Dios, su cercanía a esa creación, a la criatura. Dios desea estar próximo a su criatura, relacionarse con él. Ahí tenemos el por qué de los dos relatos, y el por qué del uso de distintos nombres de Dios en ellos. Aún así, hay que decir que la distinción de nombres no es pura, en el segundo relato aparece también Elohim mezclado con Yavé. Esto lo encontramos en Génesis 2:4, 5, 7, 8, 9, 15, 16, 18, 19, 21, 22. Luego el argumento de los nombres de Dios no es válido para diferenciar dos textos independientes, pues no son “puros” respecto a esa diferencia, pues por esa regla de tres, en el segundo relato no debería aparecer “Elohim” en absoluto, y aparece 11 veces. Simplemente recoge aspectos distintos de la creación, y enfoques diferentes del Creador.

Resumen.

Aceptamos los seis días de la creación, aunque de ello hablaremos más en el próximo tema. Hemos repasado la creación, tal cual viene en el relato bíblico. En el mismo relato de la creación nos viene reflejado el desarrollo de las especies ya creadas, con lo que la evolución de las especies queda excluida. La Palabra de Dios, el Verbo, es quien tiene el poder o la capacidad de crear, yendo más allá del entendimiento humano, por encima de la termodinámica, creando de la nada. Y por último hemos visto que aunque aparentemente podemos encontrar dos relatos de la creación diferentes, en realidad son dos enfoques distintos de un mismo acto creador de un Dios Todopoderoso y trascendente a su creación, que a la vez es un Dios cercano a sus criaturas.
El próximo tema hablaremos algo más acerca de la creación, de los días de la creación y su duración, literalidad o no, así como de los cielos que aparecen allí. ¡Feliz Sábado!
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Jesús el “Profesional” II - (Jesucristo 11 de 11)

Introducción.

En el tema anterior comenzamos a ver los oficios de Jesús. Como Profeta, por cuanto reveló la voluntad del Padre a los hombres, como sacerdote, en dos fases, su ministerio en la tierra y ministerio celestial. Hoy vamos a tratar el ministerio celestial de Cristo y su función como Rey.

El Sacerdocio celestial de Cristo.

Como ya hemos visto, el ministerio sacerdotal de Cristo comenzó en este mundo. Pero ese ministerio no acaba en la cruz, sino que continúa, la cruz sólo es una parte del plan. El ministerio se completa en el cielo. El hecho de que Cristo fuese humillado identificándose con la raza humana, lo cualificó para ser nuestro representante en los atrios celestiales. Jesucristo es el único Sumo Sacerdote o Sumo Pontífice. Así lo leemos en Hebreos 2:17 y 18 “Por tanto, tenía que ser hecho semejante a sus hermanos en todo, a fin de que llegara a ser un misericordioso y fiel sumo sacerdote en las cosas que a Dios atañen, para hacer propiciación por los pecados del pueblo. Pues por cuanto Él mismo fue tentado en el sufrimiento, es poderoso para socorrer a los que son tentados”.
Un texto que ya hemos leído, es Zacarías 6:13 que dice: “Sí, Él reedificará el templo del SEÑOR, y Él llevará gloria y se sentará y gobernará en su trono. Será sacerdote sobre su trono y habrá consejo de paz entre los dos oficios”. En esta profecía de Zacarías se nos anuncia que el Mesías sería Sacerdote. Después de la humillación de la cruz, Cristo sería exaltado, “llevará gloria y se sentará en el trono”.
Un texto sumamente clarificador es Hebreos 8:1, 2 “Ahora bien, el punto principal de lo que se ha dicho es éste: tenemos tal sumo sacerdote, el cual se ha sentado a la diestra del trono de la Majestad en los cielos, ministro del santuario, y de aquel verdadero tabernáculo que levantó el Señor, y no el hombre”. Ahí es donde podemos encontrar a nuestro Salvador hoy día. Nuestros ruegos y súplicas en forma de oración, son presentados por Cristo delante del Padre.
Inmediatamente después de la ascensión al cielo, Cristo comenzó su obra intercesora. En el Santuario o Templo judío, hecho a imagen del Santuario celestial, una maqueta a escala del que hay en los cielos, tenía un altar para ofrecer incienso. La nube de humo de incienso que subía de ese altar, simbolizaban las oraciones, los méritos y la justicia de Cristo, agradables al Padre. Nuestras oraciones son mezcladas con los méritos de Cristo, y eso hace que sean aceptables delante de Dios.
En el Santuario que había en Palestina, el incienso tenía que ser quemado en el altar del incienso, sobre carbones encendidos. Estos carbones eran tomados del altar de los sacrificios que estaba a la entrada, en el exterior. De esta manera se ve la relación entre el sacrificio presentado y la intercesión. Esto es la simbología, pero la realidad es que Cristo tenía que ser sacrificado primero, para luego poder prestar servicio como intercesor.
Dicho de otro modo, al igual que las brasas del sacrificio servían de base para luego quemar el incienso dentro del santuario, el sacrificio de Cristo es la base para luego interceder en el santuario celestial.
Por otro lado, la intercesión de Cristo nos anima como pueblo. Cristo vive para siempre, por lo cual, jamás nos quedaremos sin intercesor delante del Padre. Como dice Hebreos 7:25 “puede también salvar perpetuamente a los que por él se acercan a Dios, viviendo siempre para interceder por ellos”.
Prueba de la efectividad de la obra intercesora de Cristo en el Santuario celestial la tenemos en 1 Juan 2:1 “hijitos míos, os escribo estas cosas para que no pequéis. Y si alguno peca, Abogado tenemos para con el Padre, a Jesucristo el justo”. Cristo hace de abogado, ofreciendo su sacrificio en nuestro lugar. Por eso, las acusaciones que pueda hacer Satanás de nuestros pecados, si son confesados, no tiene efectividad. La condena ya ha sido aplicada y pagada. Cristo murió en lugar de aquél que confesó su pecado. En este sentido apunta la pregunta del apóstol Pablo en Romanos 8:34 “¿Quién es el que condena? Cristo Jesús es el que murió, sí, más aún, el que resucitó, el que además está a la diestra de Dios, el que también intercede por nosotros”. Jesús, mientras aún estaba con sus discípulos, conociendo su próxima labor de Mediador, anunció a sus discípulos en Juan 16:23 “De cierto, de cierto os digo, que todo cuanto pidiereis al Padre en mi nombre, os lo dará”.

Cristo como Rey.

Para comenzar con Cristo como Rey, vamos a leer el Salmo 103:19 “El Señor ha establecido su trono en los cielos, y su reino domina sobre todo”. Cristo, como miembro de la Deidad, lógica y naturalmente comparte la soberanía y el gobierno sobre todo el universo.
Como Dios-hombre también ejerce autoridad, sobre aquellos que le han aceptado como Señor y Salvador. Cristo no obliga ni fuerza a nadie que no quiera aceptarlo voluntariamente. Satanás sí que no pide permiso a nadie para someter, obligar y forzar. Cristo es un caballero, Lucifer juega sucio. Este es el porqué de tanto sufrimiento en este mundo. Satanás es el causante de todo el dolor, y si además el ser humano no desea entregar su vida a Dios de forma voluntaria, la está entregando de forma involuntaria al dominio del ángel caído.
Aunque Cristo ha establecido lo que llamamos el Reino de Dios, que es su soberanía sobre los creyentes, no lo ha hecho sin lucha y gratuitamente. Dice Salmo 2:2 “Se levantan los reyes de la tierra, y los gobernantes traman unidos contra el Señor y contra su Ungido (Cristo)”. Su gobierno es único, porque además de rey es sumo sacerdote. El que aboga por nosotros es quien nos gobierna. ¿Qué más se puede pedir?
A la virgen María, Gabriel le anunció (Lucas 1:33) que su hijo “reinará sobre la casa de Jacob para siempre y su reino no tendrá fin”. Ahora quisiera entrar en dos facetas de su reinado. Se describe a Cristo con dos tronos (simbólicamente hablando). En Hebreos 4:16 se nos habla del “trono de la gracia”. Esto representa el “reino de gracia”. Mientras que en Mateo 25:31 se nos habla del “trono de gloria”, representando el reino de la gloria.

El reino de la Gracia

El reino de la gracia comenzó tan pronto pecó el primer ser humano. Vimos en temas anteriores que Adán y Eva debían haber caído fulminados en el momento en que pecaron. Pero Dios ya había establecido previamente un plan de emergencia, que entró en marcha tan pronto el pecado entró en este mundo. Es por gracia divina por lo que nuestros primeros padres no murieron instantáneamente. Desde entonces, todos los seres humanos, por fe podíamos ser ciudadanos del reino de gracia, es decir, entrar a disfrutar de las promesas divinas de resurrección y restauración. Todo estaba establecido provisionalmente hasta que Cristo vino y murió en la cruz, consolidando ese reino de gracia, confirmando el perdón y las promesas hechas a aquellos que vivieron antes de su muerte.
El reino de la gracia (perdón gratuito) se basa en la obra de la redención, el sacrificio de Cristo en nuestro lugar y la intercesión por nosotros. Para participar de ese reino es necesario el “nuevo nacimiento” del que habla Cristo en Juan 3:5 “El que no naciere de agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios”. Es decir, debemos entregar nuestra vida a Dios, y observaremos cómo irá cambiando, poco a poco seremos transformados, cambiará nuestro carácter a medida que vayamos estando más tiempo en comunión con Dios orando y leyendo su Palabra. Jesús comparó este desarrollo con el crecimiento de una semilla de mostaza. Al principio es algo diminuto, prácticamente insignificante, como un grano de mostaza. Tan sólo una decisión, la de seguir al Señor. Pero ese grano de mostaza, con buena tierra, y bien regado, crecerá hasta ser un arbusto de unos dos metros de altura. De una semilla que es como el punto de una i, no sale de la noche a la mañana una planta de 2 metros de altura. Pero llegará a serlo. Igual sucede con la vida del cristiano, al principio sólo es una decisión. Si tiene la tierra de las oraciones y el agua de la lectura de la Palabra de Dios, poco a poco brotará, e irá creciendo hasta tener un cristiano firme, de “2 metros de altura” en el reino de la gracia.

El Reino de Gloria.

En el monte de la transfiguración se representó el reino de gloria. Allí Cristo se presentó con su propia gloria. Dice Mateo 17:2 que “resplandeció su rostro como el sol, y sus vestidos se hicieron blancos como la luz”. Según el relato evangélico Moisés y Elías estaban allí, representando a los dos tipos de redimidos que estaremos en el reino celestial. Moisés, quien murió antes de que Israel entrase en Canaán, fue resucitado poco después y ascendido al cielo (así en Judas 1:9). Moisés representa a aquellos que estarán en el reino celestial tras haber sido resucitados. Elías fue ascendido al cielo sin ver la muerte. Elías representa a aquellos que estemos vivos cuando Jesucristo regrese por segunda vez a esta tierra, y pasemos a ser miembros de su reino sin haber conocido lo que es morir.
El reino de gloria se instalará en medio de grandes señales y acontecimientos, como se puede leer en Mateo 24. Después que Cristo haya terminado su labor como Intercesor en el cielo, vendrá a buscarnos, y a establecer el reino de gloria. Si aceptamos a Cristo como nuestro Salvador personal, podemos convertirnos hoy en ciudadanos de su reino de gracia, y participar del reino de la gloria cuando venga por segunda vez. Tenemos delante de nosotros una vida ilimitada. La vida que Cristo nos está ofreciendo ahora no es una vida llena de fracasos y esperanzas infundadas, o sueños por aquí y por allá. Cristo nos está ofreciendo una vida de continuo crecimiento, de éxito, de amor verdadero, de gozo, llena de paz. Una vida de fe, de bondad, de autocontrol, una vida tranquila. ¿Quién puede resistirse a una oferta como esta?

Resumen

Hemos repasado el sacerdocio celestial de Cristo, que es la continuación necesaria de la muerte en la cruz. Precisamente el sacrificio de la cruz capacitó a Cristo para la segunda parte de su labor, la intercesión, por comprendernos e identificarse con nosotros para poder representarnos.
En el santuario celestial, Cristo toma nuestros ruegos y súplicas y los presenta delante del Padre. Si pecamos, Cristo está allí presentando su sangre, su sacrificio en nuestro lugar, ofreciendo el perdón por nuestro pecado.
También hemos visto que Cristo, como rey, tiene gobierno y poder sobre toda la creación, el universo entero, ya que es Dios. Como Dios-Hombre, también tiene el gobierno sobre los creyentes, en dos fases: El reino de gracia, establecido desde que Adán y Eva pecaron; y el reino de Gloria, que será establecido cuando Jesucristo regrese por segunda vez a esta tierra. ¡Feliz Sábado!
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